El arte de decir No

Cada día nos bombardean con infinitos estímulos que atraen nuestra atención. Anuncios en radio, televisión, carteles, banner en páginas web, correos electrónicos, SMS. No importa donde estemos o con quien porque siempre encontramos a algo o alguien que nos invita a aceptar, a decir sí. La publicidad, el marketing, está evolucionado constantemente hacia la personalización del individuo más que del grupo. La tendencia a analizar nuestro comportamiento para crear un perfil comercial que sirva en el diseño de la publicidad personalizada es cada vez mayor. Internet es el caldo de cultivo. Estudian cada click del ratón, cada letra que pulsamos y el tiempo de respuesta para adivinar lo que queremos en cada momento y así ofrecer el producto que más se ajusta a nuestros deseos.

El problema llega cuando pulsamos el botón “aceptar”. Ya no hay vuelta atrás. Y nos preguntamos: «¿qué ha ocurrido?». Aquel producto o servicio que nos traería la felicidad no supera nuestras expectativas. Habíamos visto solo lo que querían que viéramos.

El exceso de información hace que no nos paremos a pensar, a reflexionar, porque ello supone perder tiempo en elegir algo que puede escapar. Ese miedo irracional a perder algo, a que otros se adelanten, nos mueve a tomar decisiones que luego lamentamos.

También nuestro entorno más próximo puede convertirse en una losa pesada. ¿Quién no ha escuchado el constante pitido de los mensajes instantáneos de amigos, compañeros o familiares? ¿Y las llamadas de teléfono a cualquier hora?

El “sí” ha estado presente desde la infancia

Culturalmente desde la infancia nos han enseñado a obedecer, a seguir unas pautas dictadas por profesores, jefes, padres, amigos, etc. Para ser aceptado en el grupo, para complacer a los demás, es necesario aceptar una serie de convenciones sociales, tendencias, costumbres, modas o ideas. El oponerse a algo supone rechazar y, por tanto, separarse, salir de las relaciones sociales. Son muchas las veces que oímos la típica frase: «si no quieres meterte en problemas di sí». Con el tiempo nos damos cuenta de que la continua aceptación mata, destruye la felicidad, la salud y la vida.

A lo largo de mi vida profesional como mediador he conocido muchas personas que tenían miedo al rechazo y la única forma de evitarlo era diciendo sí a todo, involucrándose en todo tipo de actividades. Incluso ante el temor de “qué dirán”, muchos son capaces de decir “sí” a expensas de las propias necesidades.

Un simple “no” puede cambiar nuestra vida. Decir «hasta aquí hemos llegado» supone un duro esfuerzo que puede tener como recompensa una vida más activa y feliz.

A nivel personal, hay ocasiones en las que surgen pensamientos o actitudes que nos impiden decir “no” porque nos exigimos demasiado, por miedo a que tenga unos efectos negativos o por minimizar nuestros deseos y preferencias. También porque nos engañamos a nosotros mismos. Muchos sueños son y deben ser eso, sueños. Hay metas inalcanzables o que necesitan más tiempo para cumplirse. Soñamos con ser o con tener. Para conseguirlo renunciamos a cosas importantes, gastamos recursos escasos o nos hipotecamos de por vida. Tendemos a falsear la realidad imaginando nuestra felicidad junto a lo que deseamos. Sin embargo, la realidad es más cruda. Por no decir “no te voy a dar otra oportunidad” muchas mujeres han muerto a manos de sus maridos después de un largo período de maltrato; por no decir “estoy delgada”, muchas adolescentes caen en la anorexia; por no decir “basta” a los efectos del alcohol y las drogas, muchos mueren en accidentes de tráfico o sobredosis.

Decir “no” constituye una autoafirmación, dejamos bien claro cuál es nuestra postura, ideas o sentimientos. Nos ayuda a evitar que nos manipulen, que se aprovechen de nosotros o de entrar en situaciones indeseadas. Realza nuestra autoestima, nos permite tomar nuestras propias decisiones y dirigir nuestras vidas. Proporciona equilibrio, confianza y seguridad. Evita que nos vuelvan a decir algo que no queremos hacer.

Todos tenemos derecho a decir “no” a lo largo de nuestra vida.

El “no” ha de ser servido en frío y con una sonrisa

La negativa no debe ser utilizada sistemáticamente. Hay personas que se oponen a todo, incluso a sí mismos. Dicen “no” antes de preguntarles y siempre rechazan cualquier iniciativa o idea por muy buena o beneficiosa. El “no” ha de ser utilizado con inteligencia, eficacia y positivamente. Se puede decir con un simple “no”; empleando metáforas que rompan la tensión o eviten conflictos posteriores; sugiriendo alguna idea o alternativas en lugar de la que nos proponen; utilizando una afirmación, una negación y una afirmación (ejem.: Eres una persona extraordinaria, pero nuestra relación ya no tiene sentido. Podemos seguir siendo amigos). También se puede expresar a través del lenguaje no verbal, utilizando el silencio, mirando fijamente, no haciendo algo.

En cualquier caso, hay que escuchar bien lo que nos dicen, ser amables al decir “no”, emplear la empatía, explicar porqué nos negamos para que la otra persona nos comprenda. Uno de los primeros pasos hacia la madurez de la personalidad es saber decir “no”.

Las prisas nunca son buenas compañeras

Tomar una decisión tiene su mayor o menor complejidad y todo depende siempre de los opuestos: hacer o no hacer, decir o no decir, sí o no. Según uno u otro, se conforman nuestras decisiones futuras, nuestra vida. Decir “sí” cuando no queremos realmente algo, aceptar a la primera ocasión, no recapacitar previamente, prejuzgar u oponer el deseo con la realidad condiciona negativamente nuestras decisiones.

En las relaciones personales siempre tenemos en cuenta la primera impresión. Si una persona gusta o da buena sensación, solemos empatizar con más rapidez, confiar más en ella sin llegar a conocerla verdaderamente. Muchos matrimonios se han roto tras un breve noviazgo, cuando la convivencia es más íntima y permite conocer mejor a la otra persona. Decir “no” requiere tiempo, comprensión, tranquilidad y firmeza. En ciertas circunstancias, el primer rechazo no significa que todo ha terminado, sino que no es el momento. La batalla no está perdida, hay posibilidad de un futuro sí. Muchos piensan que un “no” puede cerrarles las puertas pero, haciendo comprender la razón del rechazo, puede fortalecer la confianza y las relaciones con los demás. La negativa significa luchar por uno mismo, proteger la vida y las cosas o personas que uno ama. No se trata de ser egoísta sino tener cierta autonomía, independencia y respeto.

Bibliografía

          SERRANO, SEBASTIÀ (2008). Los secretos de la felicidad. El maravilloso poder de la conversación. Alienta Editorial. Barcelona.

          TIERNO, BERNABÉ (2007). Optimismo vital. Manual completo de psicología positiva. Ediciones Temas de Hoy. Madrid.

          TIERNO, BERNABÉ (2008). Los pilares de la felicidad. 30.000 días para una vida en plenitud. Ediciones Temas de Hoy. Madrid.

          WAREHAM, BETH (2009). Aprende a decir que no y serás más feliz. Ediciones B, SA. Barcelona.
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