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La manipulación de los hijos



Es común pensar que tras la ruptura de pareja, bien sea ruptura de hecho (parejas no unidas en matrimonio que rompen toda relación sentimental) o ruptura de derecho (las parejas casadas que disuelven su vínculo por sentencia judicial), pasan a un estado de plena libertad del que no dependen mutuamente. Bien pudiera ocurrir cuando no hay ningún factor que los vinculen, pero si a la hora de separarse o divorciarse hay menores, la situación cambia.

Aunque los progenitores dejen que convivir y rehagan sus vidas independientemente, sigue existiendo un vínculo común que origina ciertos derechos y deberes sobre los hijos. En este contexto, se produce una serie de choques de intereses:

1.- Derechos de los padres a relacionarse con el menor, sobre todo el que no ejerce la patria potestad, pudiendo establecerse un régimen de visitas y comunicación.

2.- Obligaciones de los progenitores de dar a los hijos una protección integral y asistencia de todo orden durante su minoría de edad, que ha de ser ejercida conjuntamente, como es el dar sustento, habitación, vestido, asistencia médica, educación e instrucción (en España está contemplado en el Código civil, Título VII).

3.- Derecho de los menores de desarrollar su personalidad plena y armoniosamente en un ambiente de felicidad, amor y comprensión con el fin de prepararse para una vida independiente en sociedad dentro de los principios de paz, dignidad, tolerancia, libertad, igualdad y solidaridad (Preámbulo de la Convención de las Naciones Unidas de 20 de noviembre 1989).

Si la ruptura se produce pacíficamente, el impacto negativo sobre los hijos es menor que en el supuesto de una crisis familiar conflictiva. Es en este último donde la protección del menor juega un papel importante.


Impacto de la ruptura familiar sobre el menor

 Hay que tener presente que los niños se ven obligados a adaptarse a una nueva realidad que rompe con todos los esquemas establecidos, a una situación donde cambian los hábitos y la forma de percibir el entorno. Aunque hay ocasiones en las que es positiva la separación o divorcio al permitir salir de un ambiente conflictivo, en los demás casos los niños pueden desarrollar «problemas psicológicos, conductuales, sociales y académicos» (CANTÓN DUARTE). Los síntomas suelen ser diversos según la gravedad de la situación: desobediencia, conducta antisocial, problemas con los padres, depresión, ansiedad, baja autoestima, etc. Surge el temor a ser abandonados, a alejarse de uno y otro en los intercambios de visitas. Este desasosiego de perder a ambos padres les obliga a probar la lealtad, rechazando al otro progenitor para así asegurarse el cariño y afecto de uno.

Para Wallerstein,  los menores que tienen entre 2 y 4 años, la separación de los padres puede provocar en ellos ansiedad, conductas agresivas, caprichos, etc., porque se sienten culpables al no comprender los sentimientos y decisiones de los adultos; los que tienen entre 5 y 8 años, comprenden mejor la situación por lo que se encuentran ante el conflicto de lealtades en el que tienen que elegir a quien de los dos progenitores apoyar y rechazar; los menores de 9 a 12 años, suelen sentir angustia, furia o desamparo al tener una mayor capacidad empática para comprender los sentimientos de los padres; y los adolescentes, pueden generar sentimientos de rechazo al verse ser expuestos al conflicto y verse implicados directamente.

Una mala adaptación al divorcio puede suponer para los niños problemas emocionales y de conducta más allá de la adolescencia, repitiendo los mismos patrones de adultos.


Manipulación del menor como instrumento de ataque hacia el otro progenitor

 Los niños no se separan de los padres, siguen ahí intentando adaptarse a una nueva situación que no aceptan. Son los padres los que deciden romper todas las relaciones y rehacer sus vidas. Sin embargo, no siempre las separaciones o divorcios son pacíficos. En toda pareja subyacen sentimientos, emociones y deseos que se mantienen escondidos hasta que el conflicto los convierte en rencor, odio, resentimiento y animadversión. El amor que un tiempo se profesaban se convierte en un enconado odio y desprecio.

En esa lucha suelen utilizar todas las armas que tengan a su disposición para hacer el máximo daño posible al otro. Sin embargo, no son conscientes de que sus acciones pueden repercutir negativamente sobre terceros, sobre aquellos a los que tienen el deber de proteger y cuidar: los hijos. En muchas ocasiones los utilizan para dañar al otro manipulándolos. A este tipo de situaciones se le ha denominado: «motivo fingido» de REICH, el «progenitor programador» de DUNCAN, o lo que WALLERSTEIN y KELLY llamaron «síndrome de Medea», terminología que también adoptó JACOBS. No obstante, es más conocido por «Síndrome de Alienación Parental».

Sin entrar en discusiones lingüísticas e ideológicas, este tipo de manipulación consiste, según LUENGO y COCA, «en un proceso de programación psicológica realizado por uno de los padres y dirigido hacia los hijos, para que éstos rechacen al otro progenitor sin que haya justificación alguna. El proceso produce un cambio de la percepción afectiva de los hijos hacia el padre rechazado y, consecuentemente, se da una transformación en la estructura y las relaciones familiares».

Inicialmente fue el doctor en psiquiatría RICHARD A. GARDNER en 1985, tras el estudio que realizó en casos de divorcios conflictivos o destructivos, y lo definió como: «una alteración que surge casi exclusivamente durante las disputas por la custodia de un hijo: Su primera manifestación es una campaña de denigración contra un progenitor por parte de los hijos, campaña que no tiene justificación. Este fenómeno es el resultado de la combinación de una programación (lavado de cerebro) de un progenitor y en la que el niño contribuye con sus propias aportaciones, dirigidas al progenitor objeto de la alienación. Cuando aparece en el contexto de abuso parental real o negligencia, la animosidad del niño puede estar justificada por lo que no sería aplicable el SAP para explicar la hostilidad de niño».


Característica de la manipulación sobre los hijos


 El psicólogo VILALTA SUÁREZ, en su estudio sobre el Síndrome de Alienación realizado en el Instituto de Medicina Legal de Asturias sobre 39 expedientes, establece ocho características del SAP (síntomas que coinciden con ALASCIO CARRASCO, TRINCHANT BLASCO y MORENO VELASCO):

1. Existencia de una campaña de denigración.

2. Racionalizaciones frívolas o absurdas del rechazo al progenitor.

3. Falta de ambivalencia afectiva hacia las figuras parentales.

4. Aparición del «fenómeno del pensador independiente», se argumenta que la decisión del rechazo es exclusiva del niño.

5. Apoyo automático al padre «amado» en cualquier tesitura.

6. Ausencia de culpa en el niño por la expresión del rechazo.

7. Aparición en el relato del hijo de escenarios prestados, que el niño no ha vivido o no puede recordar.

8. La extensión del rechazo a la familia o entorno del progenitor rechazado.


Comportamiento del progenitor manipulador

 Por lo que respecta al comportamiento del progenitor manipulador, MORENO VELASCO establece los siguientes:

1. Rehúsan pasar llamadas telefónicas a los hijos por parte de parte del otro progenitor.

2. Organizan actividades con los hijos durante el período que el otro progenitor debe ejercer su derecho de visita.

3. Presentan al nuevo cónyuge a los hijos como su nuevo padre/madre.

4. Interceptan el correo y los paquetes enviados a los hijos.

5. Desvalorizan e insultan al otro progenitor delante de los hijos y también en ausencia del mismo.

6. Rehúsan informar al otro progenitor a propósito de las actividades en las cuales están implicados los hijos (deportivas, culturales, escolares…).

7. Hablan de manera descortés de la nueva pareja del otro progenitor.

8.  Impiden al otro progenitor ejercer su derecho de visita, con cualquier excusa (ejem: es muy usual alegar que el niño está enfermo e incluso llevarlo al médico para conseguir un documento de urgencias).

9. Se “olvidan” de avisar al otro progenitor en las citas importantes (dentista, médico, psicólogo…).

10. Toman decisiones importantes sobre los hijos sin consultarlo al otro progenitor (elección de la religión, de la escuela, de las materias optativas…).

11. Cambian o intentan cambiar los nombres o apellidos del menor para que pierdan el del progenitor alienado.

12. Impiden (o lo intentan) al progenitor alienado el acceso a los expedientes es colares y médicos de los hijos.

13. Se van de vacaciones y dejan a los hijos con una tercera persona aunque el otro progenitor esté libre y pueda ocuparse de ellos.

14. Cuentan a los hijos que la ropa que el otro progenitor les ha comprado es fea y les prohíbe ponérsela.

15. Amenazan a los hijos con castigos si se atreven a llamar, escribir o contactar de otro modo con el otro progenitor de la manera que sea.

16. Reprochan al otro progenitor el mal comportamiento de los hijos.

17. Ridiculizan los sentimientos de afecto de los niños hacia el otro progenitor.

18. Premian las conductas despectivas o de rechazo de los hijos hacia el otro progenitor.

19. Aterrorizan a los niños con mentiras sobre el otro progenitor ausente insinuando o diciendo que pretenden dañarlos o, incluso, matarlos.

20. Presentan falsas alegaciones de abuso (físico y/o sexual) en los Tribunales para separar a los niños del otro progenitor.

21. Cambian de domicilio, incluso a miles de kilómetros con el único fin de destruir la relación del padre ausente con sus hijos.


Efectos sobre los hijos manipulados

 Sobre los efectos de la manipulación sobre los hijos, depende del nivel de intensidad. Según LUENGO, COCA, SEGURA, GIL y SEPÚLVEDA existen tres:

• El rechazo leve se caracteriza por la expresión de algunos signos de desagrado en la relación con el padre o la madre. No hay evitación y la relación no se interrumpe.

• El rechazo moderado se caracteriza por la expresión de un deseo de no ver al padre o la madre acompañado de una búsqueda de aspectos negativos del progenitor rechazado que justifique su deseo. Niega todo afecto hacia él y evita su presencia. El rechazo se generaliza a su entorno familiar y social. La relación se mantiene por obligación o se interrumpe.

• El rechazo intenso supone un afianzamiento cognitivo de los argumentos que lo sustentan. El niño se los cree y muestra ansiedad intensa en presencia del progenitor rechazado. El rechazo adquiere características fóbicas con fuertes mecanismos de evitación. Puede aparecer sintomatología psicosomática asociada.

En base a estos tres niveles, a juicio de LUENGO, COCA,  SEGURA, GIL y SEPÚLVEDA, las consecuencias de la manipulación son:

Trastornos de ansiedad: los menores viven el momento de las visitas con un fuerte estrés, en estos casos observamos respiración acelerada, enrojecimiento de la piel, sudoración, elevación del tono de voz, temblores, finalizando en desbordamiento emocional, no pudiendo estar delante del progenitor rechazado con serenidad y normalidad. En ocasiones para afrontar las visitas, acuden a las mismas bajo los síntomas de medicamentos ansiolíticos como Clorazepato Potásico (Tranxilium® Pediátrico).

Trastornos en el sueño y en la alimentación: derivado de la situación anterior, son menores que a menudo manifiestan que sufren pesadillas, así como problemas para conciliar o mantener el sueño. Por otro lado pueden sufrir trastornos alimenticios derivados de la situación que viven y no saben afrontar, ingiriendo alimentos compulsivamente o no alimentándose, hechos que el progenitor alienador suele utilizar para cargar contra el otro, haciendo ver que estos síntomas son debidos al sufrimiento del/la menor por no querer ver al progenitor rechazado por el daño que este les ha producido.

Trastornos de conducta:

Conductas agresivas: cuando nos encontramos ante un nivel severo, en el que como hemos descrito anteriormente las visitas se hacen imposibles; a menudo se observa en los menores problemas de control de impulsos, teniendo que ser contenidos en ocasiones por los profesionales. Las conductas agresivas pueden ser verbales como insultos, o incluso físicas, teniendo que frenar la situación.

Conductas de evitación: hay ocasiones en las que los menores despliegan una serie de conductas para evitar enfrentarse a la visita, como pueden ser somatizaciones de tipo ansioso que producen una llamada de atención en el progenitor alienador y que tienen como consecuencia no pasar a la visita.

Utilizan lenguaje y expresiones de adultos: a menudo nos encontramos con pequeños/as que verbalizan términos judiciales, así como tienen un claro conocimiento acerca de dichos procesos. Por otro lado realizan verbalizaciones que son un claro reflejo de la fuerte conflictividad que viven y de la postura que han tomado en el conflicto, que es al lado incondicional del progenitor no rechazado.

Dependencia emocional: las/os menores que viven las situaciones que hemos descrito, sienten miedo a ser abandonados por el progenitor con el que conviven, ya que saben, y así lo sienten, que su cariño está condicionado. Tienen que odiar a uno para ser querido y aceptado por el otro, y ese odio tiene que ser sin ambivalencias; todo ello va a crear una fuerte dependencia emocional para el/la menor. Todo ello va a tener como consecuencia la creación de una relación patológica entre progenitor e hijo/a.

Dificultades en la expresión y comprensión de las emociones: suelen expresar sus emociones de forma errónea, centrándose excesivamente en aspectos negativos. Por otro lado muestran falta de capacidad empática, teniendo dificultades para ponerse en el lugar de otras personas, manteniendo una actitud rígida ante los distintos puntos de vista que ofrezca el progenitor rechazado.

Exploraciones innecesarias: en los casos severos, pueden darse denuncias falsas por maltrato hacia los/as menores, estos se van a ver expuestos a numerosas exploraciones por parte de diversos profesionales, las cuales, además de ser innecesarias, producen una fuerte situación de estrés. También hace que adopten un rol de “víctimas” de algo que no han sufrido pero que debido a la campaña de denigración del progenitor alienado, y a la autonomía de pensamiento, toman como algo real, teniendo unas consecuencias devastadoras para su desarrollo psicológico.


Conclusiones

 Actualmente se niega este tipo de comportamiento argumentando que el Síndrome de Alienación Parental no está incluido en el DSM-IV por la Asociación Americana de Psiquiatría, y en la CIE-10 de la OMS porque su planteamiento y definición no tienen una evidencia científica. Habrá que esperar a este año 2013 para que se actualice el DSM y saber si existe. Sin embargo, hay otros Síndromes que no están contemplados oficialmente pero sí aceptados en la mayoría de los países: el Síndrome de la Mujer Maltratada o el Síndrome de Estocolmo.

No se trata de determinar la existencia o no de un término científico sino aceptar el hecho de que existe una realidad que pone en peligro la protección del menor. A pesar del daño que se le puede hacer al otro progenitor, la verdadera víctima es el niño por dos razones: porque se tiene que enfrentar a un traumático cambio de vida familiar y a unos conflictos paternos en los que se sienten parte del problema.

Hasta el momento, tengo constancia de que la República de Brasil aprobó la  Ley N º 12.318, DE 26 de agosto 2010 sobre el Síndrome de Alienación Parental. Confío en que los demás países sean conscientes de la situación y sigan sus pasos.


Bibliografía:

ALASCIO CARRASCO, L. El síndrome de alienación parental. A propósito de la sentencia del Juzgado de Primera Instancia núm. 4 de Manresa de 14 de junio de 200. Indret, Revista para el análisis del Derecho, enero de 2008, Barcelona. 2008.

CANTÓN DUARTE, J. Adaptación de los hijos divorciados. En GARCÍA GARNICA, M. C. La Protección del Menor en las Rupturas de Pareja. Editorial Aranzadi, SA. Navarra. 2009.

DUNCAN, J.W. Medical, psychological and legal aspects of the child custody disputes. Mayo Clinic Proceedings, 53, 463-468. 1978.

GARDNER, R. Recent trends in divorce and custody litigation. Academy Forum, 29, 3-7. 1985.

GARDNER, R. The Parental Alienation Syndrome and the differentiation between fabricated and genuine sexual abuse. Cresskill, NJ: Creative Therapeutics. 1987.

GARDNER, R. Parental alienation syndrome: A guide for mental health and legal professionals. Cresskill, NJ: Creative Therapeutics. 1992.

KELLY, J.B., yJOHNSTON, J.R. The alienated child: A reformulation of parental alienation syndrome. Family Court Review, 39, 249-265. 2001.

LUENGO, D. y COCA, A. Hijos manipulados tras la separación. Viena Ediciones, Barcelona, 2007.

MORENO VELASCO, V. Acercamiento a las medidas judiciales ante el síndrome de alienación parental. Diario de Jurisprudencia, núm. 2482. 2007.

REICH, W. El análisis del carácter. Paidós, Barcelona, 1980.

SEGURA, C., GIL, M.J., ySEPÚLVEDA, M.A. El Síndrome de Alienación Parental: una forma de maltrato infantil. Cuadernos de Medicina Forense, 43-44, 117-128. 2006.

TRINCHANT BLASCO, C. MEMENTO PRÁCTICO FRANCIS LEFEBVRE CIVIL Familia Sucesiones. Ediciones Francis Lefebvre. Madrid. 2009.

VILALTA SUÁREZ, R. J. Descripción del Síndrome de Alienación Parental en una muestra forense. Psicothema. Vol. 23, nº 4, pp. 636-641. 2011.

WALLERSTEIN, J.S. y BLAKESLEE, S. (1989). Padres e hijos después del divorcio. Ed. Vergara. Buenos Aires.

WALLERSTEIN, J.S. (1983). Children of divorce: The psychological tasks of the child. American Journal of Orthopsychiatry, 53 (2), 230-243.

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