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Bertha von Suttner

La Baronesa von Bertha Kinsky Suttner nació en Praga el 9 de junio de 1843 y falleció en Viena el 21 de junio de 1914. Editora y escritora, destacó fundamentalmente por su carácter pacifista, la defensa del sufragio femenino y la abolición de los conflictos bélicos.
De familia aristocrática adquirió el título nobiliario de condesa Kinský por su padre el conde Franz Kinsky von Wchinitz und Tettau, mariscal de campo del imperio austro-húngaro. Su nombre completo era Bertha Felice Sophie, condesa Kinský.
Tras quedar huérfana de padre tras su nacimiento, se le asignó un tutor de la corte austríaca, lo que le permitió tener una sólida educación. A pesar de las limitaciones que las mujeres de la época tenían a la hora de acceder a la formación académica, Bertha estudió las lenguas más importantes de Europa, participó intensamente en la vida social de la alta sociedad y amplió sus conocimientos culturales en innumerables viajes por toda Europa. Estos inicios marcaron las bases de lo que luego sería su ideología pacifista y su lucha por la paz.
Sin embargo, por motivos económicos, Bertha no podía mantener el ritmo de vida actual, lo que le obligó a emanciparse y buscar trabajo. Durante tres años, desde 1873 hasta 1876, ejerció como institutriz de las hijas del barón Karl von Suttner. Allí se enamoró de su hermano el barón Arthur Gundaccar von Suttner, lo que provocó el rechazo de la familia y la expulsión de Bertha como institutriz.
Por aquella época el químico sueco Alfred Nobel publicó un anuncio en el que solicitaba los servicios de una señora que hablara varios idiomas para trabajar como secretaria y ama de llaves en París. Bertha contestó al anuncio y al poco tiempo se trasladó a la capital. El empleo duró solamente dos semanas tras recibir un apasionado telegrama del barón Arthur Gundaccar. Bertha decide dejar París para volver a Viena donde el 12 de junio de 1876 se casa en secreto. Bertha adquiere el título y el apellido de su esposo sin perder el de su padre: Baronesa von Bertha Kinsky Suttner. Arthur Gundaccar es desheredado y ambos comienzan una vida opuesta a los lujos de la aristocracia.
Sobreviven con las clases de música e idiomas que Bertha imparte. Su esposo Arthur Gundaccar comienza a publicar novelas sobre la guerra mientras que Bertha se consagra como periodista publicando artículos y ensayos bajo el pseudónimo de B. Oulet. Con Inventarium einer Seele comienza a notarse la influencia que ejercen científicos evolucionistas como Buckle, Darwin o Spencer y progresivamente va definiéndose su pensamiento fundamental: solamente a través de la paz puede conseguirse una sociedad de progreso, justicia y bienestar.
Tras reconciliarse con la familia de Arthur Gundaccar, regresan a Viena donde se hace más intensa su actividad. En 1886 escribe High Life, sobre la libertad del hombre; en 1889 publica el ensayo Das Maschinenzeitalter (La era de la máquina) denunciando las consecuencias del nacionalismo exaltado y la carrera armamentística; y en ese mismo año también termina Die Waffen nieder! (¡Abajo las Armas!), una crítica a la guerra y un alegato en defensa de la mujer y el pacifismo.
En su viaje a París, en 1887, para visitar  a Alfred Nobel, conocen la  Asociación Internacional por la Pazy el Arbitraje (International Arbitration and Peace Association), fundada en 1880 por el británico Hodgson Pratt, para la creación de un organismo que se encargara de resolver conflictos entre las naciones. Tanto Bertha von Suttner como su marido Arthur Gundaccar entraron en contacto con miembros de esta asociación y grupos pacifistas europeos, lo que les permitió abrir nuevos caminos hacia su lucha por la paz.
Con su famosa obra Die Waffen nieder! se convirtió no solo en referente del movimiento pacifista internacional sino también en el punto central del movimiento. Su lucha la llevó a recorrer el mundo entero pronunciando conferencias, promoviendo iniciativas a favor de la paz y concienciando de los peligros belicistas.
Las ideas de Bertha influyeron en Alfred Nobel hasta el punto de prometerle a su antigua secretaria la creación de un premio destinado a fomentar los valores humanos y galardonar a todos aquellos que trabajen en defensa de la paz. Alfred Nobel, quien inventó la dinamita, dejó el 27 de noviembre de 1895 en su testamento la creación de un galardón para “quien haya trabajado más y mejor en pro de la fraternidad entre las naciones, a favor de la abolición o reducción de los ejércitos permanentes, y en la formación y propagación de Congresos de Paz“. 
Gracias a los esfuerzos de Bertha en la Conferencia de Paz de La Haya se creó el Tribunal Permanente de Arbitraje, con sede en La Haya.
En 1905 fue la primera mujer distinguida con el Premio Nobel de la Pazpor su contribución e ingente labor en defensa de la paz y los derechos humanos.
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