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¿Qué es la agresividad?

Se habla con frecuencia de los conflictos sin tener en cuenta una variable fundamental: la agresividad. En toda disputa entre personas o grupos, uno de los síntomas que nos indican la gravedad de la situación, y que debería servirnos de guía para prevenir conductas destructivas, es la intensidad de la agresividad. A cierto nivel puede considerarse positiva si se encauza correctamente, porque permite liberar las tensiones físicas y psíquicas que acumulamos. Pero si no se canaliza adecuadamente, puede tener consecuencias demoledoras para el sujeto y el mundo que le rodea.


¿Sabemos realmente lo que es la agresividad?

Agresividad viene del latín aggressus, que significa agredir. El diccionario de la Real AcademiaEspañola nos remite a agresivo, que lo define como la persona o animal que obra o tiende a obrar con agresividad, es decir agrediendo. Por tanto, el que agrede está llevando a cabo un acto de provocación, ofensa, falta de respeto y ataque. Incluso desde el punto de vista jurídico, la agresión supone un acto contra la libertad de una persona usando la violencia o intimidación. Su intención es dañar.

Las causas de la agresividad son muy diversas: por la mera satisfacción de hacer daño; deseo de tener control sobre alguien o algo; por frustración, según el psicoanálisis; para conseguir una aprobación social o la aceptación en un grupo; como vía de escape ante la baja autoestima; incapacidad para defenderse o afrontar los problemas por otras vías; por resentimiento, ira, falta de autocontrol, autodestrucción, etc. Autores como Pierre Karli consideran que son las emociones las que mueven la agresividad, por lo que es necesario estudiarlo desde el punto de vista biológico, psicológico y sociológico. Por su parte, Kurt Lewin sostiene la importancia de la influencia social en los pensamientos, sentimientos y comportamientos de las personas. Cuando en el presente se produce una tensión emocional, debido a un cambio negativo en el espacio vital, en la interacción entre la persona y su entorno (o campo), surge el conflicto y con ello la agresividad.

No obstante, muchas de las agresiones pueden ser consecuencia de la ingesta de sustancias como el alcohol y las drogas, pueden formar parte de cuadros psicopatológicos o como síntoma en algunas psicosis.

Consecuencias de la agresividad

En cierto modo es natural que seamos agresivos, como descendientes de primates sociales particularmente agresivos. Como sostenía Konrad Lorenz, este tipo de comportamiento está presente en la naturaleza, es un impulso vital, una manifestación básica de todos los seres vivos, que se expresa en multitud de formas: física, verbal, corporal y pasiva.

Sin embargo, y aquí estoy de acuerdo con Eduardo Punset, esto  no quiere decir que, como seres humanos, queramos ser agresivos.

Este comportamiento antisocial crea en la persona tensión física, puede llevar al individuo a un estado extremo. En estos casos, la glándula suprarrenal segrega la adrenalina que activa toda la estructura del cuerpo: aumenta el ritmo cardíaco, hay una contracción de los vasos sanguíneos, elevación de la presión arterial, dilatación de pupilas y tensión muscular. A nivel psicológico, se produce lo que el psicólogo alemán Kurt Lewin denomina tensión emocional. Las emociones dominan la parte racional, llevan al agresor a impulsos ilógicos, a acciones incontroladas. La falta de reflexión y discernimiento crea una visión distorsionada y oscura de la realidad y, por tanto, lleva a cometer actos cruentos. El agresor se autoengaña, crea falsas justificaciones para dominar y poseer.

La agresividad lleva a la provocación y esta vuelve hacia la agresividad. Cualquier persona tiene derecho a defenderse puesto que albergamos ese instinto de supervivencia, pero como seres racionales poseemos herramientas de autocontrol que nos sirven para afrontar los problemas sin recurrir a la violencia. El dominio de nuestras emociones proporciona la seguridad y el respeto de los demás. Decía Miguel de Cervantesque donde hay fuerza de hecho, se pierde cualquier derecho. ¿Estamos legitimados para alcanzar un acuerdo utilizando la violencia? El dominio sobre las personas o cosas mediante la fuerza perece tarde o temprano. Una persona agresiva provoca desconfianza, suspicacia y rechazo. Pierde el respeto, la admiración de los demás y causa en su entorno desobediencia, rebeldía y resistencia.


Muchos estudios demuestran que la influencia de los modelos familiares condicionan más los comportamientos de los niños que los medios de comunicación y el entorno social. Si en el hogar es práctica habitual la violencia, el niño lo percibe como un comportamiento normal que repetirá a lo largo de su vida.

Tipos de agresividad

No pretendo sentar las bases de los tipos de agresividad. Muchos autores añaden una larga lista de tipologías. Sin embargo he preferido hablar de las cuatro fundamentales que, combinadas entre sí, nos dan un abanico de formas con que se manifiesta la agresividad: proyectiva, defensiva, instrumental, emocional, sexual, etc.

La agresividad físicaes la más conocida junto a la verbal. Pretende manifestar desacuerdo o imponer la voluntad a través del daño. Dar golpes a objetos, como una mesa, intimidan y realzan el poder del agresor, mientras que el ataque corporal supone una pérdida total de control. Este tipo de actuación sugiere una persona impulsiva que se ve incapaz de afrontar los problemas inteligentemente.


La agresividad verbalno causa daño corporal pero incide directamente en las emociones. El medio es tanto el tono de voz como las palabras que se utilizan. Los gritos o tonos amenazantes seguidos de insultos y descalificaciones producen un sentimiento de malestar, tristeza, irritación u odio. Incluso en actitud serena el menosprecio, los comentarios despectivos y humillantes causan el mismo efecto.


En la agresividad corporal o gestual, el mensaje se transmite a través de gestos desagradables. Ademanes como dar la espalda, mirada desafiante, levantar la mano, cerrar los puños y apretar los labios, son gestos universales que crean temor en el interlocutor y doblega la voluntad ajena.

Por el contrario, la agresión pasiva es más sutil. Se da con frecuencia en el trabajo, en la familia y en algunos entornos sociales. A veces no se es consciente de ello porque lo asociamos a otro tipo de conducta más inofensiva. El dejar de hacer una tarea, olvidarse premeditadamente de algo, ser ineficaces, mostrar indiferencia o no darle la suficiente importancia a un asunto importante pueden suponer un tipo de agresión. El silencio también rompe la comunicación, destruye el sentimiento de integración. No tiene efectos tan destructivos como los anteriores pero modifican la conducta de los demás. El que lo provoca no afronta los problemas directamente, evita dar la cara y elude a los demás. Suelen ser personas resentidas, que reprimen sus emociones y no saben encauzar la rabia correctamente.


Bibliografía

Hill, Winfred F. Teorías Contemporáneas del Aprendizaje. Editorial Paidós, Buenos Aires, Argentina, 1974.

Karli, Pierre. L’homme agressif. Ed. Odile Jacob, 1987

Karli, Pierre. Les Racines de la violencia, reflexiones d’un neurobiologiste. Ed. Odile Jacob, 2002

Lewin, Kurt. A dynamic theory of personality. New York: McGraw-Hill, 1935.

Lewin, Kurt. Resolving Social Conflicts. New York: Harper and Row Publishers, 1948.

Lorenz, Konrad. On Aggression. New York: Harcourt, Brace and World, Inc., 1966.

Punset, Eduardo. Por qué somos como somos. Ed. Aguilar. 2008.
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