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¿Cómo se pueden resolver pacíficamente los conflictos?

Ante una disputa existen muchas vías para encontrar una solución. Algunas son demasiado rígidas como son los procesos judiciales y otras, como el caso de la mediación, dejan en manos de las partes en conflicto la oportunidad de buscar por sí mismas una solución. Entre estos dos puntos equidistantes, hay una amalgama de opciones que, en función del grado de conflicto y la dificultad para afrontarlo, habrá que recurrir a uno u otro.

 

Proceso judicial

El proceso judicial es el más formalista, más riguroso, por cuanto no deja a las partes flexibilidad para actuar. Es obligatorio, adversarial y público. Las partes deben someterse a unos plazos de tiempo, a unas rigurosas normas de actuación y a determinados trámites que deben ser llevados a cabo por profesionales. Si el proceso transcurre rápido, el coste es bajo. En cambio, si se alarga en el tiempo e interponen recursos ante tribunales superiores, aumenta el coste económico y emocional.
La figura central es el juez, o Magistrado, que se encarga de dirigir el proceso y decidir la solución del conflicto. Se asigna de oficio, no pueden elegirlo las partes, y resuelve a través de una sentencia que es de obligado cumplimiento. El juez actuará según la ley, decidirá conforme a su buen criterio, imparcial e independientemente, ateniéndose a lo que establezca el Derecho pero sin el condicionamiento de lo que las partes puedan pactar.
Las partes, por el contrario, dejan en manos de terceros la defensa. Son los abogados los que, conociendo las leyes, se encargan de defender los intereses de las partes en conflicto. Aunque esté permitida la negociación fuera del juicio, durante las fases del proceso judicial la tarea es salvaguardar las propias posiciones, luchar por que el juez les dé la razón.
El inconveniente que tiene el proceso judicial es que no valora los sentimientos, las motivaciones, los deseos, las frustraciones, la forma de percibir la realidad, las creencias… No hay ánimo de consenso. No se pretende abrir canales de comunicación con el contrario para discutir el conflicto y buscar la solución más beneficiosa. No existe diálogo porque previamente se ha decidido que el juez resuelva. Han delegado en una persona ajena al conflicto el poder de decidir lo que es positivo para uno y negativo para otro. Una sentencia judicial, por muy justa que pretenda ser, beneficiará a una parte y perjudicará a la otra.
La cuestión es: ¿tras la sentencia desaparece el conflicto? ¿Se restablecen las relaciones?
 

Arbitraje

Otra vía para resolver conflictos es el arbitraje. Este es más flexible, voluntario, privado y constituye una alternativa al proceso judicial, aunque se alcanzan los mismos objetivos: obtener la decisión de un tercero para poner fin al conflicto. El coste económico del proceso es negociable y, si bien el árbitro resuelve mediante el laudo arbitral, la decisión final puede basarse en acuerdos totales o parciales de las partes. En el caso de que el dictamen se apoye en la ley estamos ante un arbitraje de derecho, mientras que si se fundamenta en el saber y entender del árbitro se considera arbitraje de equidad.
Una vez iniciado el arbitraje no cabe recurrir a la vía judicial. Solo cuando haya laudo arbitral las partes pueden acudir a los tribunales ordinarios para oponerse o exigir su cumplimiento. Debido al carácter extrajudicial, el arbitraje no puede decidir en cuestiones penales, administrativas o las que afecten al estado civil y condición de las personas.

 

Conciliación

En tercer lugar, está la conciliación como alternativa a las anteriores. Es totalmente flexible, voluntaria, privada y el conciliador no está obligado a dominar el derecho. En la conciliación las partes en conflicto se encuentran para llegar a un acuerdo y piden la intervención del conciliador para que les ayude, oriente o asesore. El documento final es un documento privado que contiene los acuerdos adoptados consensualmente, lo que deja al conciliador en un segundo plano sin potestad para decidir. Aunque el acuerdo no tiene un valor jurídico como el laudo arbitral o la sentencia, en caso de no llevarse a cabo el acuerdo una de las partes puede recurrir a la vía judicial para exigir su cumplimiento.
La conciliación puede tener lugar antes de un proceso judicial o una vez iniciado. Si se está inmerso en un juicio, el juez puede paralizarlo y mandar iniciar la conciliación.

 

Mediación

Otro de los caminos para afrontar los conflictos es la mediación. Es prácticamente igual que la conciliación pero con la salvedad de que el mediador debe ser un profesional, que posea ciertas competencias y actúe neutral e imparcialmente. En este caso no puede asesorar u orientar. Debe limitarse a ayudar a las partes a proporcionando un clima neutral y tranquilo, fomentando la comunicación, el diálogo, la empatía, la asertividad y dirigiendo el proceso para no perder el objetivo inicial.

 

Negociación

No siempre es obligatorio que intervenga una tercera persona para llegar a un acuerdo. La negociación es otra alternativa que puede utilizarse como proceso independiente y obtener iguales o mejores resultados. Solo participan las partes en conflicto, o sus representantes, y los acuerdos que se firman son privados. Los efectos que se derivan de esos compromisos son los mismos que se dan en la conciliación y mediación: si no lo respetan pueden recurrir a la vía judicial para pedir su cumplimiento.
El que recurran a la negociación directa, sin intermediarios ni terceras personas, supone un gran avance porque hay predisposición a entablar comunicación, colaborar, escuchar y ser escuchado. Quizás no lleguen a un acuerdo y tengan que pasar a otras formas de resolver conflictos, pero existe motivación, deseo de cooperar con la otra parte para llegar a un consenso. Reviste a las partes de cierta autonomía porque son capaces por sí mismos de enfrentarse a los conflictos sin necesidad de la ayuda de un tercero. Esto no significa que sea negativo integrar la negociación en otros procesos como la mediación la conciliación o el arbitraje. A veces es necesario recurrir a un profesional para que ayude a abrir canales de comunicación, fomentar el diálogo y mostrar la realidad desde otro punto de vista. Es positivo. Pero siempre que se respete el principio de la autonomía de la voluntad, que sean las partes las que lleguen libremente a un acuerdo.
En principio, ante un conflicto hay que intentar la negociación como medio para resolverlo. Si en ese proceso es difícil romper las barreras de la comunicación y llegan a un punto sin salida donde cada uno se obceca en una idea, habrá que plantearse progresivamente otras alternativas cuyo último recurso sea la vía judicial.
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